martes, 17 de julio de 2012

Rigurosidad y cambio en la arquitectura

La arquitectura supone la ejecución de una idea; ahora bien; ¿es esa idea valida en si incluso si no se adecua a su entorno o a las expectativas que de ella se esperan?

Tras haberse respondido cabria que cada uno se cuestionase entonces la funcionalidad y adecuación de las pirámides de Gizeh a orillas del Nilo o del Coliseo romano en la capital italiana.

Llegados a este punto de reflexión sobre lo que es o no es adecuado y funcional con respecto a su entorno y necesidades, podríamos afirmar que, por ejemplo, la idea de crear una estructura semi-maciza piramidal de 150 metros de altura y en pleno desierto egipcio no es una gran idea; incluso es probable que a pocos les agradase la idea de llevar a cabo tal obra y, sin embargo, dicha locura es hoy, miles de años mas tarde, considerada una de las maravillas del mundo. La conclusión seria por tanto sencilla: la arquitectura no ha de ser por definición algo incipientemente sensato y funcional, sino que por su propia condición de Arte, ha de emplear conceptos e ideas que se alejen de la funcionalidad y adecuación preconcebidas.

¿Sería por tanto, siguiendo el razonamiento anterior, mas arquitectura aquello que suponga una ruptura con lo establecido, un cambio en el diseño o la forma, una transmutación del espacio? La historia parece confirmarlo.

¿Acaso Mies, Wright, o Le Corbusier no supusieron una ruptura total con lo anterior? Y si bien esta ruptura se dio, ¿Cómo afirmar entonces que su obra es mas o menos capaz que el resto? La adecuación de sus arquitecturas fue en muchos casos difícil de entender respecto de su entorno, al igual que su funcionalidad; sin embargo nadie podrá poner en duda la grandeza de las mismas.

Así pues, cabria llegar a la conclusión de que, pese a que la arquitectura fuera un ente vacío de adecuación, coherencia, e incluso cohesión con su entorno y necesidades; podría ser, y en algunos casos lo es, una obra inigualablemente perfecta en sí. Pero ¿Acaso no es utópico pensar que la arquitectura, sin ninguna de las cualidades anteriores, puede ser algo excepcional y bello por si solo? Coherencia y razón son directrices indispensables para el "buen hacer" del arquitecto, por ello, inexplicablemente, incluso en todo aquello que parece no tener sentido común [arquitectónicamente hablando] prevalece un atisbo de adecuación y coherencia con la realidad que concibe esa arquitectura.

ALP

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