jueves, 2 de mayo de 2013

La libertad como coartada



La política neoliberal, al igual que la marca España, hace aguas. Al tiempo que el Ministerio de economía plantea la "liberalización" -cómo no- en el sector de la construcción, relegando a los futuros arquitectos españoles a un exilio casi obligatorio, el Gobierno quiere acabar con el alquiler de pisos y apartamentos de particulares a turistas. Es intrusismo, en palabras del propio ejecutivo, que ve con malos ojos que los ciudadanos alquilen sus propiedades privadas a extranjeros durante las vacaciones. Eso no vale.

El neoliberalismo es, como casi todas las doctrinas llevadas a su extremo, una utopía tan irrealizable como la salida de la crisis española a base de recortes. Pero persiste como ninguna otra en las mentes de miles de dirigentes de todo el mundo. Desde Merkel hasta Rajoy, pasando por Cameron, Lagarde o Draghi, la falacia neoliberal ha logrado calar en buena parte de la derecha mundial. Así como el comunismo y el socialismo vivieron su época de gloria, ahora le toca a las ideas de Friedman. Que Thatcher y los suyos siguen más vivos que nunca lo demuestran las políticas europeas actuales, pero no seré yo quien critique al neoliberalismo exacerbado más de lo que lo haría con el socialismo extremo o el comunismo; la política neoliberal es, como apuntaba unos renglones más arriba, más de lo mismo, pero hacia otro extremo; y lo cierto es que todos los extremos se tocan.

Aquellos que defienden la libertad a ultranza por encima, incluso, de los derechos del propio ser humano, entran en una gran falacia. ¿Cómo se puede ser liberal al tiempo que se prohibe a los ciudadanos que alquilen sus propiedades?¿cuál es la libertad que entienden aquellos que tachan de nazis a quienes protestan por una vida digna?¿ de qué libertad hablan los que plantean prohibir que decidan las mujeres embarazadas?¿dónde quedó la libertad de mercado, cuando se rescatan bancos que pierden decenas de miles de millones con dinero público?¿hay algo más incongruente que aplicar medidas intervencionistas, de cara a las grandes empresas, mientras se permiten centenares de suicidios al día, en una ciudadana asfixiada, alegando que no se puede hacer nada para solucionarlo ? . Llegados a este punto, y justo ahora que algunos aseguran que para salir de la crisis hay que seguir recortando y desmantelando el Estado, he llegado a la conclusión de que se trata no de una doctrina liberal, sino de una coartada, una gran mentira contra el individuo. Si en 1865 los liberales republicanos votaban a favor de la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos, todo frente a la negativa impasible de los demócratas; hoy, esa libertad individual en la que se basaba el liberalismo ha sucumbido frente a los intereses. La moral -mal llamada- "conservadora" se dejó embaucar por las cuentas en Suiza y las financiaciones dudosas. Aquellos que hoy defienden la libertad, lo hacen sólo como coartada de la suya propia -la única que les interesa-, arremeten contra quienes osan criticar un comportamiento inmoral y burdo, unas políticas que sus propios predecesores hubieran tachado de injustas y que doblegan las libertades de todo individuo. La máxima del neoliberalismo actual podría resumirse en estas palabras de Voltaire: "proclamo en voz alta la libertad de pensamiento y muera el que no piense como yo."

¡Ay si Abraham Lincoln levantara la cabeza! Cómo se puede defender el liberalismo al tiempo que se reducen los derechos del individuo, se le suben los impuestos y se criminaliza a aquellos que vocean contra la injusticia instaurada. Está claro,la libertad es la coartada, aquí el único objetivo es -para sorpresa de todos- el beneficio; y es que la libertad del mañana se compra con el dinero -público, dicho sea de paso- de hoy. En Suiza se es más libre.

ALP

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