Hay un problema en nuestra sociedad: todos y cada uno de nosotros nos hemos habituado a decir lo que pensamos, amplia y rotundamente; sin embargo, en la mayoría de los casos esos pensamientos, esas ideas, en muchas ocasiones pasajeras, no tienen fundamento alguno, razón ninguna de ser. ¿Que pretendemos al opinar sin esperar respuesta alguna? ¿De que sirve entonces opinar? ¿Únicamente pretendemos que los demás nos oigan sin ni tan siquiera esperar a que estos nos respondan? La conclusión es entonces clara: queremos ser oídos, pero bajo ningún concepto estamos dispuestos a escuchar. No hay critica que valga; nuestra verdad ante todo, y ante todos.
ALP
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