jueves, 21 de abril de 2011

Del sistema político y la sociedad europea del siglo XXI


La sociedad del siglo XXI precisa de un sistema político liberal, basado en la economía de mercado y en el que la democracia está en boca de todos. Sin embargo, esta misma sociedad exige cambios políticos, asegurando que este mismo sistema que ella misma creó no es válido, no se adapta a sus necesidades. La crisis no solo es económica, sino también ideológica: ¿cómo saber lo que queremos si no nos ponemos de acuerdo? Algunos abogan ya por la capitulación del sistema actual, instaurando nuevas ­­­­­­­­­­democracias no capitalistas o, mejor dicho –pues democracia y capitalismo van estrechamente ligados, a mi entender- democracias más participativas y menos capitalizadas, dejando a un lado los intereses empresariales para centrarse en los comunes. Así el populismo parece ganar terreno, no porque sus precursores estén en lo cierto, sino por el simple hecho de plantear una renovación social, económica y –lo que a todos más agrada-, una reforma política, olvidando las viejas reglas de la política anterior y respondiendo de manera contundente y sin remilgos a los problemas que se plantean.

La sociedad del siglo XXI quiere una política a su medida: ya no vale dialogar durante meses para no concluir en nada; la gente quiere hechos aquí y ahora. De este modo, mientras los partidos políticos tradicionales se enzarzan en disputas poco interesantes para el ciudadano, las nuevas formaciones políticas plantean soluciones; ni tan si quiera se centran en debatir sus propuestas; simplemente las lanzan, de manera que al ciudadano de a pié, harto de escuchar cómo los principales grupos políticos discrepan entre si sobre uno u otro tema, se le alegra el gesto al oír como tal o cual partido exige –que no propone- la expulsión de todos los inmigrantes sin papeles o la no intervención de su país en los asuntos europeos. Así, el ciudadano medio del siglo XXI,  (pilar de nuestra sociedad) se va radicalizando en sus ideas no por el contenido de las mismas –no necesariamente ha de estar de acuerdo con ellas-, sino por la forma en que se exponen.

La sociedad digital no precisa de tiempo para debatir sus ideas, lo que necesita son hechos concretos y visibles, todo un peligro en auge que a mi , personalmente me recuerda a otros tiempos; tiempos que para algunos parecen ya olvidados y que , al igual que ahora elevaron al poder a individuos con ideas extremadamente peligrosas para nuestro futuro. Europa está en juego ahora. 



ALP 

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